Invertir como acto de fe.
La fe es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos.
Hebreos 11:1.
El 2026 va a quedar marcado como el primer año sin Warren Buffett activo en los mercados. Para muchos será solo una noticia más. Para otros, el cierre de una era. Para mí, es el retiro del inversor más influyente en mi vida y uno de los hombres de negocios con más fe sobre los que he leído.
Buffett no se hizo grande por predecir el futuro, sino por invertir cuando el contexto invitaba a hacer exactamente lo contrario. Uno de los mejores ejemplos es Coca-Cola ($KO). A fines de los 80s, después del crash bursátil del 87, la acción había caído 32% y el contexto era claramente negativo con la mayoría del mercado devolviendo la suba de los últimos 2 años en tan solo 2 meses. Fue en ese contexto donde Warren armó una gran posición y dejó una frase que hoy parece simple, pero en ese momento era casi una provocación: “nuestro período de tenencia favorito es para siempre”.
En el 89, Buffett duplicó su inversión con el precio de KO recuperando máximos y subiendo 90% en dólares. A fines del 1990, tenía 2.171 millones de dólares en acciones de la empresa (o el 41% del patrimonio neto de Berkshire Hathaway).
En los siguientes 10 años, el precio de la empresa aumentó 591% y Berkshire ganó 10.350 millones de dólares. Este miércoles, 37 años después, Buffett se retiró oficialmente del mercado con todavía acciones (8% del capital) de Coca.
La mayor enseñanza que me deja la vida bolsera de Buffett es que invertir requiere de fe. Y en esta incursión espiritual que estuve haciendo en mis últimos dos años de vida me di cuenta que la fe se prueba en los momentos de desafíos, cuando falta claridad y reina la incertidumbre. Muy similar al mercado…
Vos podés ser un gran analista fundamental, leer bien los gráficos y hasta entender los ciclos de la economía, pero si no tenés la fe suficiente para comprar cuando hay baja previsibilidad, difícilmente tengas éxito en este negocio.
En estos días estuve reflexionando sobre la palabra “gurú”, muy repetida en el mercado, y utilizada para el apodo que Buffett recibió durante la mayor parte de su carrera. Esta fue la respuesta que me dio Gemini: “gurú viene del sánscrito (gurú) y significa originalmente “pesado” o “grave”, refiriéndose a alguien con gran autoridad y conocimiento. Sin embargo, su significado más profundo y popular en las tradiciones indias (hinduismo, budismo, sijismo) es “el que disipa la oscuridad (ignorancia)” (de gu ‘oscuridad’ y ru ‘luz/el que disipa’), un maestro espiritual o guía que ilumina el camino hacia la verdad”.
Sin dudas, Warren Buffett guió mi camino en el mercado y gran parte de mi filosofía de inversión está basada en su vida. Pero me llamó la atención que gurú tenga un significado de “guía espiritual”, ya que también me dejó muchas enseñanzas que terminé ratificando en este tiempo de búsqueda de Dios.
Vivir liviano, buscar la libertad por sobre las cosas materiales, pensar siempre en el largo plazo, en lo eterno (en lo verdaderamente importante) y no hacer las cosas solo por dinero. Son consejos que Buffett y Munger repitieron durante décadas y que, tranquilamente, podrían formar parte de un sermón del pastor de mi iglesia bautista cualquier domingo.
También, estudiando la historia de Buffett, descubrí que fue criado en una religión protestante/bautista (Nebraska es de los Estados con más presencia de protestantes); en su última carta de Acción de Gracias cuenta que fue atendido por monjas en un Hospital Católico como el “primer chico protestante”. Y creo que gran parte de su filosofía de vida tiene que ver con la fe cristiana, a pesar de no creer en Jesucristo.
Al retomar hábitos espirituales (leer la Biblia, dedicar tiempo a la oración, volver a la iglesia y rodearme de personas con la misma fe) empecé a encontrar muchas similitudes entre la fe y la inversión. Capaz suene raro, pero hoy veo al mercado como un gran lugar para poner a prueba la fe.
Primero, porque sin fe es imposible invertir. Si no creés que los negocios van a seguir creciendo en el tiempo, no pondrías tus ahorros en acciones. Invertir, en el fondo, es un acto de confianza en el futuro.
En segundo lugar, porque las crisis también prueban la fe. Y en pocos lugares se viven las crisis con tanta intensidad con la Bolsa. Acá ves tu capital caer día tras día, ves cómo empresas sólidas pierden valor (precio), cómo los inversores se llenan de miedo y cómo los gobiernos se pelean por el último financiamiento disponible. Todo pasa en tiempo real.
Mi prueba fue en el 2018. Venía de tres años muy buenos, mi capital ya era más grande que mis ahorros, y además asesoraba a otros inversores. La carga emocional era alta. Y entonces llegó la gran caída de Argentina (y emergentes). Ver cómo, en pocos meses, se evaporaba cerca de un tercio de lo ganado en 3 años fue durísimo. Me generó estrés, ansiedad y muchas dudas. Pero, aun así, estaba convencido de que ese era un gran momento para hacer buenos negocios.
Ya había vivido una bonanza en el mercado, lo que me ayudó a “crear un sistema de creencias propio” pero faltó esa gran prueba para testear si mi fe era verdadera.
Con el tiempo entendí que los grandes enemigos del inversor son la impaciencia, el orgullo y el miedo. Y son exactamente los mismos que aparecen en la vida espiritual.
Quienes buscamos a Dios sabemos que vivimos en una tensión constante entre seguir la carne (las emociones, la urgencia, la gratificación inmediata) o dejarnos guiar por el Espíritu.
Y así como cristiano tengo fe en la vida eterna a través de Jesús, algo que no veo ni puedo medir, también tengo que tener fe en la prosperidad futura de los negocios y de mi propia vida. En ambos casos, camino sin ver todo el mapa.
Sí, puedo analizar balances, mirar valuaciones y entender la situación actual de una empresa, pero si no confío en las proyecciones de los directivos, no puedo invertir. Al final del día, el mercado es un juego de expectativas, donde la confianza es imprescindible.
Hay un pasaje en la Biblia que dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Es fuerte. Porque sugiere que uno puede saber mucho, conocer la teoría, incluso cumplir ciertas leyes espirituales, y aun así estar lejos si no hay fe real. Hay otro versículo que dice que la fe sin obras está muerta. Es decir, no existe creer sin vivir en consecuencia. Si no soy generoso, si no me intereso por los demás, si no perdono a quien me hizo daño, entonces no tengo fe en Dios.
Con el mercado pasa algo muy parecido. Si dejo de invertir, muchas veces no es por falta de oportunidades (siempre hay una dando vueltas), sino porque perdí la fe. Buffett tuvo fe en Coca-Cola en los años difíciles. Alan, un gran amigo que me regaló el mercado argentino, tuvo fe en Transener en pleno mercado bajista del 2021, cuando casi nadie quería mirar acciones locales. Para ambos, la fe trajo muy buenos resultados (con un buen trabajo detrás).
Todas las grandes inversiones de la historia muestran algún grado de fe; actos de confianza y convicción con baja visibilidad. Y sin fe, es imposible ser un buen inversor.
En lo personal, cerré el 2025 renovando mi fe. Descubrí que una buena forma de hacerlo es leyendo historias de otros inversores, aprendiendo de sus recorridos (en la Biblioteca de Doble Piso hay varios ejemplos), y escuchando a gente nueva, con hambre sana de crecer y construir a largo plazo.
Te animo a empezar este año renovando tu fe. Puede ser en vos mismo, en el mercado, en tu negocio o en Dios. Pero sin dudas vas a necesitar algo de fe (aunque sea mínima) para encarar proyectos nuevos y transitar este nuevo tiempo con valentía.
Muchas gracias de corazón por leerme y por caminar esta parte del trayecto conmigo.
Para este año me propongo ser una fuente de inspiración, motivación y ánimo para quienes leen estos correos. Probablemente baje un poco el ritmo de envíos semanales, quiero escribir de forma más natural. Todavía tengo mucho para compartir!
Espero que arranques el año en paz y rodeado de afectos.
Y no olvides que felicidad comienza con fe!!
Un abrazo,
Chino


Chino querido, el anonimato de los post nos permite tener una sinceridad que a veces por timidez o vergüenza solo se le dice de frente a las personas las cuales uno les tiene mucha confianza y cariño; abusando del mismo y como hace dos años no quiero dejar de agradecerte por tus concejos, tus sugerencias, tu generosidad, tu trabajo tenaz y educativo. Debo confesarte que deje la suscripción por motivos personales y por falta de entendimiento, cosa de la cual me arrepiento y estoy a la espera de una nueva apertura. Pero a pesar de estas cuestiones, siempre recurro a tus palabras para procesarlas y meditarlas, no para ver si pego algún batacazo de esos que te levanta el ego y la autoestima, sino todo lo contrario, como una palabra de aliento y de enseñanza ante la frustración, ante el mal movimiento, ante las ganas de cerrar las posiciones. Cada mail en el cual se nota tu dedicación, el esfuerzo, la responsabilidad, el proceso de elaboración de la idea, en lo personal lo siento como un concejo, como un apuntalamiento que te hace recordar que el camino es largo, que esta lleno de obstáculos y de mucho ruido. Cuando les transmito esto a mis amigos, los cuales me miran con descreimiento frente al desafío de vivir de las inversiones, termino siempre la idea con las mismas palabras, bueno igual estoy aprendiendo, debo perseverar porque estoy aprendiendo. Quiero que sepas que este convencimiento que tengo gran parte es por tus palabras las cuales siento que fueran escritas cada sábado para mi. Te deseo un prospero 2026, lleno de salud ideas y buenas inversiones. Abrazo.
Que buena reflexión Chino, desde el momento en que el futuro es impredecible, es verdad que se reduce a un acto de fe, hacia el Mercado, la empresa o su management.
Pero el posteo me generó una duda. Fue importante para Buffet comprar después que KO cayera 30%? Porque si pensaba tener las acciones “para siempre” y a la luz de lo que subió después, el precio al que las pagó parece importar poco. Lo importante sería elegir buenas empresas y mantenerlas, y no fijarse tanto si entrar unos puntos arriba o abajo. O entendí cualquier cosa?