Diferentes etapas.
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“La disciplina financiera es la clave para crear riqueza a largo plazo”.
- Thomas J. Stanley
Leyendo esta noticia (leer), que dice que 2 de cada 5 estadounidenses creen que el mercado beneficia principalmente al 1% más rico, volví a pensar en cómo la situación personal impacta en las decisiones de inversión.
Debatimos sobre la Bolsa como si todos participáramos del mismo juego. Analizamos activos, discutimos narrativas, comparamos rendimientos y buscamos las mejores oportunidades. Pero detrás de cada cartera hay una realidad diferente. No es lo mismo invertir después de haber juntado un patrimonio importante que hacerlo mientras uno trabaja y ahorra todos los meses en busca de construir capital.
La encuesta es interesante porque Estados Unidos es uno de los países con mayor desarrollo financiero del mundo. Casi la mitad de los adultos tiene algún tipo de inversión, principalmente a través de los conocidos planes 401(k). Sin embargo, una gran parte de la población todavía tiene una comprensión limitada sobre cómo funciona el mercado.
Por ejemplo, el 40% de los encuestados no sabía que la economía y la Bolsa no son lo mismo, mientras que dos tercios creían que un mercado alcista implicaba necesariamente un crecimiento generalizado de la economía.
La percepción también parece estar marcada por una creciente desigualdad. Algunos economistas describen esto con la llamada “economía en K”. Mientras una parte de la población se beneficia del crecimiento de los activos financieros, otra hace malabares con salarios que pierden poder adquisitivo. Esta diferencia no es nueva, está pasando en muchos país y la distancia entre ambos grupos parece continuar ampliándose.
Pero esto no significa que el mercado sea solo para quienes ya son ricos. También ayuda a que una persona convierta el ahorro generado con su trabajo en un capital cada vez mayor. Para un “simple laburante”, invertir puede ser una de las pocas formas de construir riqueza sin necesidad de crear una empresa, heredar dinero o convertirse en un experto en negocios.
El problema es que no todos llegamos al mercado desde el mismo lugar. Algunos ya tienen un patrimonio importante y solo quieren cuidarlo. Otros trabajan, ahorran todos los meses y utilizan la Bolsa para capitalizar ese excedente. Y también están quienes parten de un pequeño ahorro y sienten que necesitan “retornos extraordinarios” para cambiar su situación…
Este último grupo creció mucho desde el 2020, impulsado por el boom del trading, las redes sociales, las criptomonedas y el acceso al apalancamiento. Como los rendimientos promedio del mercado (8-10% anual) son insuficientes para generar un cambio importante en el corto plazo, muchos terminan buscando activos y estrategias de mayor riesgo. Y cuanto mayor es la urgencia por ganar plata, más fácil es tratar una inversión como una apuesta!
Quizás por eso uno de los datos llamativos de la encuesta es que 1/3 de los estadounidenses cree que podría obtener mejores rendimientos apostando que invirtiendo. Entre los millennials, el porcentaje sube al 46%, mientras que entre la generación Z es del 44%. No es que prefieran apostar antes que invertir, pero sí muestra cómo el capital inicial, la incertidumbre y las expectativas pueden cambiar por completo la forma en que una persona se relaciona con el riesgo.
Entonces, ¿cómo deberíamos encarar al mercado según nuestra situación?
En mi caso, pasé por las tres etapas y fui puliendo mi filosofía de inversión a medida que cambiaban mi capital, mi capacidad de ahorro y mis objetivos. Por eso, antes de preguntarme qué acción comprar, busco tener en claro en qué etapa estoy y qué necesito que el mercado haga por mi.
La situación de cada uno impacta directamente en la estrategia, pero hoy creo que tomaría cada etapa de una manera particular…
Cuando el capital ya puede cambiar tu vida.
Si el S&P 500 subió un 10%, el más beneficiado no fue quien tenía 5k usd invertidos, sino quien había comprado 500k en el SPY y ganó 50k en un año. Dependiendo de dónde viva, ese rendimiento puede tener un impacto importante en su vida. Pagar la universidad de sus hijos, cambiar el auto, trabajar menos horas o tener mayor libertad para cambiar de trabajo.
Y ni hablar si, en vez de generar el rendimiento promedio del mercado, logró construir una cartera que rindió un 15% anual durante la última década. Una inversión de 500 mil se habría convertido en 2 millones. En cambio, una inversión inicial de 5.000 con aportes de $100 por mes, aun obteniendo exactamente el mismo rendimiento, seguiría debajo de los 50k.
No subestimo un retorno promedio con un “bajo capital” ya que he visto vidas que cambiaron con solo 5.000-10.000 dólares, pero está claro que los ricos son los que le sacan más jugo al mercado.
El interés compuesto necesita tiempo, pero también capital. Se hace hincapié en que “hay que empezar joven”, y coincido. Pero el monto inicial y la capacidad de seguir aportando durante el camino importan mucho más de lo que se cree. De ahí nace, en parte, el mito de que “la Bolsa es para ricos”. Cuando el capital ya es grande, es difícil conseguir estos retornos en otros lugares que no sean el mercado e incluso un “año normal” puede dar ganancias que cambian vidas.
Y llegar a esta etapa también cambia la forma de invertir…
Cuando una persona tiene 5.000 dólares, perder el 30% también es doloroso, pero probablemente todavía tenga muchos años de trabajo y ahorro por delante. Cuando tiene 500.000, esa misma caída representa 150.000. Y, si ese dinero es el resultado de décadas de trabajo, una herencia o la venta de un negocio, la pregunta deja de ser “¿cuánto puedo ganar?” y pasa a ser “¿cuánto estoy dispuesto a perder?”.
Una caída del 20% puede ser una oportunidad para alguien joven que sigue cobrando un sueldo, sus aportes mensuales son al menos del 1% del portafolio y puede comprar más en las caídas. Pero puede ser un problema para quien ya pasó la etapa de “construir riqueza”.
Por eso, cuando el capital ya es importante, ya no tiene sentido tomar cada oportunidad que veas interesante. El objetivo puede pasar a ser cuidar lo construido, lograr una rentabilidad razonable y evitar caídas como la de Globant. En esta etapa, ganar un poco menos también puede significar dormir mejor, depender menos del trabajo y tener más libertad para elegir cómo vivir.
Pero hay dos maneras de verlo. Si tenés 1 millón, podrías decir “ya no necesito asumir altos riesgos”. Con una cartera conservadora que genere un rendimiento del 7-9% anual, el capital podría darte entre 70-90k por año.
Por otro lado, podrías decir “ahora puedo asumir más riesgo”. Si tenés un costo de vida bajo, seguís generando ingresos y una caída del 20-30% no perjudica tu situación, contar con una base importante puede darte la tranquilidad para invertir de manera más agresiva.
Tomo de ejemplo a Buffett que, a pesar de haber construido una gran riqueza a sus 30s, nunca dejó de invertir en acciones ni de buscar negocios extraordinarios hasta el día de hoy (90s). Tener un gran patrimonio no necesariamente te tiene que hacer conservador. Como en todos los niveles, dependerá de cuánto necesitás para vivir, de tu horizonte, de tus objetivos y, sobre todo, de qué lugar querés que ocupe el dinero en tu vida.
En mi caso, cuando el capital empezó a ser más importante, intenté volverme más fino con la estrategia, pero sin abandonar la filosofía de invertir en buenos negocios que ofrecen una relación riesgo-beneficio atractiva. Aún sigo buscando la mejor manera de invertir.
Invirtiendo los ahorros.
¿Qué harías con 15.000 dólares? Es un buen ahorro para cualquier laburante en Argentina. El problema es que, con un bajo monto, el retorno promedio del mercado se siente demasiado lento. Una suba del 10% son 1.500 dólares. Es una buena ganancia, pero difícilmente cambie la situación financiera de una persona.
Por eso, veo que muchos que están en esta etapa buscan encontrar la acción que pueda duplicarse, toman palanca, operan opciones o siguen estrategias que prometen 30-40% anual. Pero conseguir esos retornos de manera constante es muy difícil, incluso para quienes llevan décadas en este negocio.
Sí, hay casos que pasaron de 20k a 1 millón “operando” en el mercado. Pero son contados con las manos y toman tanto riesgo que la mayoría termina fundiendo la comitente.
Independientemente del monto, cuando el objetivo es duplicar rápidamente, el riesgo de perder una parte importante del capital aumenta mucho más rápido que la probabilidad de alcanzar el resultado esperado.
En mi opinión, en esta etapa, no creo que la mejor inversión esté en la Bolsa. Si tuviera solo 15k usd y quisiera duplicar ese capital, buscaría oportunidades en la economía real. Emprender, vender productos, ofrecer un servicio o construir un negocio en el que pudiera aportar, además del dinero, mi tiempo, conocimiento y trabajo.
Pasé por esta etapa. Vendí celulares, ropa y hasta suplementos deportivos. Con una inversión inicial de 1.5-2k usd, pude juntar 10k en un año. Claro, tuve que buscar productos, encontrar clientes, asumir riesgos y dedicar tiempo. Ahí estaba la diferencia. No dependía de que una acción subiera. Podía aumentar el resultado trabajando mejor, vendiendo más y reinvirtiendo las ganancias.
Por eso, para quienes tienen un “capital pequeño” y buscan cambiar su situación financiera, quizás el objetivo no debería ser encontrar la próxima acción que suba 300%. Primero hay que construir una base. La Bolsa puede ser un excelente lugar para proteger y capitalizar el ahorro, pero un emprendimiento sin dudas ofrece una oportunidad mayor para acelerar el crecimiento. Después, cuando el capital sea más grande, el interés compuesto podrá hacer una parte cada vez mayor del trabajo. Con más plata, ya cuesta generar ese retorno en otros lugares.
Construyendo capital con enfoque en el trabajo.
Si sos de los míos, si empezaste con poca plata pero tenés paciencia, capacidad de ahorro, ganas de aprender y una visión de largo plazo, probablemente formes parte de este grupo.
Más allá del capital, acá el foco no está únicamente en la Bolsa. La mayor parte del crecimiento viene del trabajo. Progresar en una profesión, desarrollar una vocación, conseguir un mejor sueldo o, simplemente, construir una buena vida con un trabajo decente. Invertir es importante, pero durante muchos años el principal motor para aumentar el patrimonio puede ser la capacidad de generar ingresos y ahorrar una parte de ellos.
La disciplina de invertir todos los meses transforma ese esfuerzo en un capital que, con el tiempo, genera más libertad de lo que uno pueda imaginar. Renunciar a un trabajo que ya no nos hace bien, emprender, tomarnos vacaciones en familia o tener más tranquilidad con el dinero.
Yo nunca tuve como objetivo principal “vivir de la Bolsa”. Tenía un buen trabajo, una capacidad de ahorro razonable y quería construir una base que me diera libertad. Buscaba que el dinero trabajara conmigo, no reemplazar mi vida por la búsqueda constante de negocios.
Con el tiempo, entendí que armar una buena carter implica conocer nuestra relación con el riesgo y la volatilidad, descubrir qué tipo de inversor somos y construir una estrategia que podamos mantener cuando el mercado cae.
Y esto está ligado a la vida personal. La mayoría de influencers comparten los típicos tips financieros de “invertí el 20% de tus ingresos”, “tené seis meses de gastos guardados”, “nunca vendas”, “comprá una casa”, etc. Pero cada persona tiene una historia, una familia, responsabilidades, problemas, sueños y necesidades diferentes.
Una estrategia que funciona para alguien soltero, con ingresos estables y pocos gastos puede ser completamente inadecuada para una persona que mantiene una familia, atraviesa una situación difícil o que puede llegar a necesitar el dinero en el corto plazo.
Por eso, nadie puede decirnos exactamente en qué invertir. Podemos aprender de otros, escuchar consejos, estudiar estrategias e incluso delegar parte de las decisiones, pero la responsabilidad final siempre es nuestra. La semana pasada analizábamos la cartera de Cristina y veíamos cómo, incluso sin conocer todos los detalles de su vida, las decisiones de inversión terminaban reflejando indirectamente sus objetivos, su historia y su manera de entender el riesgo.
Y lo mismo pasa con nosotros. El mercado puede servir para muchas cosas. Puede ser un lugar para buscar crecimiento, generar una renta, preservar el ahorro, financiar un proyecto o, incluso, asumir una apuesta que sabemos que podemos perder.
El problema no está en elegir un camino u otro, sino en tener un estilo de inversión que no entendemos o perseguir objetivos que, en realidad, no son los nuestros.
Quizás no querés ser millonario. Quizás querés trabajar un poco menos, tener tiempo para tu familia, viajar, cambiar de profesión o llegar a una edad en la que el dinero deje de ser una preocupación constante. Todos objetivos válidos, que tenerlos en claro te ayudarán a invertir mejor.
Por eso, antes de seguir una recomendación o preguntarnos cuál será la próxima acción ganadora, deberíamos empezar por preguntarnos qué tipo de vida queremos construir y qué lugar queremos que tenga el dinero dentro de ella. El mercado, sin dudas, puede ayudarnos a llegar más lejos, pero no puede decidir hacia dónde queremos ir…
No sé en qué etapa estás hoy en tu camino como inversor, pero no tengo dudas que entender desde dónde partís, qué objetivos tenés y qué lugar querés que ocupe el dinero en tu vida puede darte la claridad que necesitás para tomar tus próximas decisiones.
Como siempre, estoy acá para lo que necesites. Podés responder directamente a este correo y voy a estar leyendo y respondiendo los mensajes durante la semana.
Te deseo buenas inversiones, pero, sobre todo, una buena vida.
Fuerte abrazo,
Chino


Excelente lo que escribiste, Chino.
Hace poco respondía a un chico en un grupo de WhatsApp sobre inversiones. Decía que no entendía cómo alguien podía conformarse con una rentabilidad del 10% anual cuando, en su pequeño negocio, obtenía márgenes del 30% o 40%.
Mi respuesta fue simple: si tu negocio realmente te genera esos retornos y todavía tiene espacio para crecer, por ahora olvidate de la bolsa. Tu mejor inversión es seguir expandiendo ese negocio. Recién cuando el crecimiento empiece a encontrar límites —porque el mercado ya no permita expandirte, porque no puedas replicar el modelo o porque la rentabilidad marginal comience a disminuir— tendrá sentido destinar una parte importante del capital a los mercados financieros. Mientras tanto, vale la pena observarlos desde afuera y aprender.
Esto me hace recordar otra idea, atribuida a Warren Buffett: “La diversificación es una protección contra la ignorancia.” En otras palabras, la diversificación es una excelente herramienta para preservar la riqueza, para no perder el patrimonio que ya se construyó.
Pero cuando uno todavía está en la etapa de crear riqueza, la lógica es distinta. En esa instancia, el crecimiento suele requerir concentración de esfuerzos, asumir riesgos calculados e invertir en aquellos negocios o activos sobre los que se tiene una convicción fundada de que pueden rendir por encima del promedio del mercado. Primero se construye el patrimonio; después se prioriza su preservación.
Muy bueno, Chino, como siempre. Me gusta como nos hacer pensar, mirar para adentro y poner los pies sobre la tierra.
Abrazo